(Adolfo R. Gorosito, enero 2019) – Las transformaciones en los sistemas de producción rural responden a los adelantos mecánicos y tecnológicos. Consecuencia directa es la disminución del concepto “campo como fuente de trabajo”. Todo esto deriva en lamentable indiferencia de partes que nunca es saludable. En pueblos como el nuestro se sentía como algo indivisible, porque el campo nos rodea y formamos una comunidad rural, indiscutiblemente. Es absurdo pero real que desee hace algunos años al presente ni nos enteramos en el pueblo sobre las cosechas, cuánto rinden ni cuándo se terminan. Sobre este tema recuerdo lo que me confió un amigo que durante muchos años se dedicó a las tareas rurales:

 – “Un chacarero me invitó a trabajar en su establecimiento durante  la cosecha fina. Me  alegró porque siempre viene bien una changa  que ayuda al   jubilado, y calculé que estaría ocupado durante un mes, aproximadamente. Fui a la chacra al día siguiente y me indicó que yo sería responsable de  mantener todo en orden alrededor de la planta de silos, llevarle la comida y agua fresca a quienes trabajaban en las máquinas y atender otras tareas afines. Al tercer día el chacarero-patrón me dijo que ya se estaba terminando, y que al día siguiente arreglaríamos en cuanto al pago por mi trabajo y volvería al pueblo ¡No podía salir de mi asombro! ¿Cómo era eso posible?… Sí, era posible porque trabajaban simultáneamente tres máquinas cosechadoras norteras que habían venido desde el sur de Córdoba y avanzaban en tamdem. Teniendo en cuanta que cada máquina logra cosechar por lo menos 80 hectáreas por día, en tres días la recolección  de trigo estaba liquidada ¡Y a otra cosa!”.