Se conmemora un nuevo aniversario de la fundación de la Sociedad de Bomberos Voluntarios. El 19 de julio de 1962 un grupo de vecinos, interpretando la opinión de muchos más en cuanto a disponer de un servicio público de tanto valor intrínseco, fundó la sociedad de bomberos voluntarios, siendo su primer presidente don Avelino Arévalo.
Así, la comisión directiva proyectó de inmediato la creación de un cuerpo de voluntarios para concretar en los hechos los principios de servicio y solidaridad enunciados, y convocó al vecino Juan Gabino Atairo (ex deportista, profesor de educación física y en plena tarea didáctica en las escuelas del distrito) para que reuniese a un grupo de vecinos dispuestos a afrontar tamaña responsabilidad, mediante una tarea que reclama desinterés, abnegación, disciplina, entre otros requisitos básicos. La primera reunión se realizó en el patio de la comisaría de policía el 18 de enero de 1964, es decir año y medio después de la fundación. El señor Atairo había invitado al jefe de bomberos de Tres Arroyos, señor Otto Haedo, con el objeto de que brindara las explicaciones elementales sobre los elementos indispensables, el manejo de mangueras, formas más adecuadas de ataque a determinados focos de incendios, haciendo hincapié en los incendios de pajonales y rastrojos, obviamente los peligros potenciales más frecuentes en época de cosecha. Las explicaciones del señor Haedo abarcaron otros aspectos de organización, jerarquía de mandos, despliegue de esfuerzos humanos, de autobombas y demás elementos de combate, respondiendo a la invitación del señor Atairo concurrieron a esa primera sesión de adiestramiento los hermanos Juan y Rubén De Leonardi, Mario García, Juan Carlos Conde, Adolfo Gorosito, entre otros, y desde ese momento reconocieron al señor Juan Gabino Atairo como jefe natural de la dotación que de esa manera quedaba formada.
En los días inmediatos se incorporaron otros vecinos, como Guillermo Mármol, José Cianpichetti, Arturo Melo, Carlos Erdocia, Jorge Ciancaglini, Tito Carrizo, Carlos De La Cal, Cetulio Campagnoli.
Cabe destacar que en cada salida la dotación dejaba su lugar de trabajo (a veces pidiendo autorización y en otras no tenía tiempo para cumplir con tal requisito), y partían – como podían – hacia el lugar que ocurriese algún percance o emergencia motivadora del llamado. Mencionamos que el flamante cuerpo activo partía ‘como podía’ de su precario cuartel en el patio de la comisaría, donde se disponía de un pequeño galponcito para efectuar las reuniones, montar guardia, recrearse y compartir las clásicas mateadas. Partía como podía porque el camión international al que se le había adosado una cisterna para más de 4.000 litros de agua, tenía algunos problemas mecánicos, y en el momento crucial de encendido del motor esa sencilla operación fracasaba, y ante la consternación de todos nosotros había que realizar la revisación de urgencia... ¡ o empujar entre todos a semejante mastodonte mecánico! además, en los primeros meses de servicio activo el camión cisterna carecía de bomba impulsora, por lo que todo el operativo tenía una característica inconfundible: atacaban los incendios con baldes y hacían la ‘cadena’, es decir los efectivos en fila desde el camión hasta las llamas, mientras los baldes pasaban de mano en mano y volvían vacíos para ser recargados.
A la distancia del tiempo transcurrido esto puede motivar risas, pero no tenía nada de gracioso para los bomberos. Para colmo aquellas primeras salidas del camión cisterna por el portón de la comisaría era un espectáculo que los vecinos no querían perderse.
Según comenta Rubén Adolfo Gorosito a Chaves Digital “al escuchar los estampidos de las bombas de estruendo como forma da llamada, los curiosos se ubicaban en ambas veredas y la doble fila se prolongaba en toda la cuadra y a veces más allá. en una de esas ocasiones en que el motor del internacional no quería funcionar, un desubicado curioso se reía a carcajadas, mientras los bomberos voluntarios empujaban al mastodonte pese a que resbalaban sobre los adoquines... uno de ellos – creo que fue el primer oficial - dejó su lugar de empuje y encaró decididamente al desubicado, a quien increpó de manera de no dejar dudas en cuanto al sacrificio de la dotación y el torcido sentido del humor de ese sujeto, que desapareció del lugar como por encanto”.